La literatura es una navaja multiusos

Navaja multiusosEs jueves. Así que hoy tenemos un nuevo post en Ayer fue miércoles toda la mañana, el magnífico blog del poeta y agitador cultural, además de “apátrida, diletante y flaneur” —así se define en Instagram— Miguel Munárriz.

A partir de un diálogo de Cocaína (novela de Daniel Jiménez recién publicada por Galaxia Gutenberg, premio Dos Passos a la Primera Novela), Munárriz ha pedido a los autores de  —su agencia literaria y la mía*— que respondamos a esta pregunta: ¿Para qué sirve la literatura?

El post donde recopila las respuestas, “por riguroso orden de llegada”, no tiene desperdicio. Mi conclusión, tras leer el artículo: la literatura es una navaja multiusos. Sirve para todo. Han contestado Berna González Harbour, Alberto Llamas, José C. Valdés, Carlos Salem, Lea Vélez, Guillermo Roz, María José Rubio, Fernando Royuela, Inma Chacón, Yolanda Guerrero, Pablo del Palacio, Martín Sotelo, Esther Bendahan, María Iglesias, Luisgé Martín, Roberto Santiago, Marta del Riego, Ernesto Pérez Zúñiga, Paloma Bravo, Ana Cadenas, Natalio Grueso, Beatriz Rodríguez, Fernando Beltrán y Paloma Sánchez-Garnica. En último lugar —le mandé la respuesta hace unas horas— aparecen estas líneas mías:

«¿Que para qué sirve la literatura? A bote pronto, diría que sirve para alargar y acortar el tiempo. Para estirarlo y degustarlo, en buena compañía. Borges cerró así el epílogo a sus obras completas: “Somos todo el pasado, somos nuestra sangre, somos la gente que hemos visto morir, somos los libros que nos han mejorado, somos gratamente los otros”. Leyendo somos otros, gratamente».

Con las prisas, se me quedó algo en el tintero. Somos otros leyendo, pero también, sobre todo, escribiendo. Cuando te pones en la piel de un personaje. Flaubert quizá nunca dijera «Madame Bovary, c’est moi». Poco importa. Escribiendo mutas.

_______

(*) Desde diciembre soy un autor de , la agencia literaria de Palmira Márquez y Miguel Munárriz. Un lujo.

 

Me persigue una plancha

Una plancha me persigue. Pero no una plancha cualquiera. La que salió volando por una ventana hace unos días en Burgos.

La arrojó una mujer.

El martes,  desayunando un café con leche y un pincho de tortilla Donde Alberto, leí esta noticia en Diario de Burgos:

“Detenida por resistencia a agentes de la autoridad. El Cuerpo Nacional de Policía ha detenido a la mujer A.M.D.C., de 26 años, por un presunto delito de resistencia a agentes de la autoridad. Una llamada alertó de madrugada al 091 de que se estaba produciendo un altercado en un domicilio. Al llegar la patrulla, un vecino les indicó que una mujer había arrojado una plancha por la ventana, que fue recogida en la acera sin que, por suerte, hubiera lesionado a nadie. Al subir al domicilio, la referida se encontraba muy alterada y con síntomas evidentes de embriaguez. Su marido había avisado también a la Policía al no poder calmarla. Al ver a los agentes, esta se enfrentó con ellos y tuvieron que reducirla”.

No sé más. No sé qué pasó con la mujer. ¿Seguirá detenida? Aunque, como decía, la que me persigue es la plancha. La imagino en abstracto. No sé de qué marca es, qué colores o qué tamaño tiene. La veo volando, a contraluz. Con el cable colgando.

Quizá me persigue porque no sé si alguien la recogió o si acabó en un contenedor.

¿Se pueden escribir dos novelas a la vez?

writerscafe.orgDesde hace un par de semanas, sin pretenderlo, que conste, tengo dos novelas en marcha. Una es la nueva entrega de Juan Torca, el libro que desde hace meses me ronda por la cabeza, una narración bastante avanzada que ya cuenta con una estructura y unos personajes definidos. Y la otra se ha cruzado en mi camino y ha llegado para quedarse. Y con ella, dos hermanos, una adolescente de dieciséis años y un barbudo de veinte, unidos por una libreta y separados por un océano.

Salto de una novela a otra en cualquier momento, para cambiar unas palabras, añadir un párrafo o releer lo escrito el día anterior. A veces, en cambio, hago como que me olvido y me concentro sólo en una de las novelas. Mientras la otra, paciente, espera.

No sé si una “vencerá” a la otra, o si terminaré las dos a la vez. No sé cuánto seguiré así, pero es divertido.

De feria

La casetaAl otro lado de la caseta, la vida, como decía Sabina en Cuando era más joven, es “dura, distinta y feliz”. En la Feria del Libro, el escritor muta. Se convierte en un vendedor más. Un tipo que sólo trafica con una mercancía: Su Obra. Un tipo que, entre firma y firma, mantiene la compostura como puede, mientras afila la mirada y el bolígrafo. Y que, salvo que sea una celebridad,  se debe armar de paciencia mientras los niños y los mayores que no le diferencian del resto de los “caseteros” le preguntan por la última entrega del Diario de Greg o la nueva novela de María Dueñas.

Como contaba el otro día, en el artículo que reproduzco a continuación publicado en El Mundo —gracias al gran Manu Llorente, redactor jefe de Cultura, que conste—, me fui de feria dispuesto, más que a firmar, a mirar.

¿Y qué puedo añadir ahora? Que firmé algún que otro libro, no me quejo. Que miré menos de lo que preveía.  Y que sólo anoté tres palabras: bolsas y sin comentarios.

Te fijas en las bolsas, en las pocas bolsas que portan los viandantes. La Feria se celebra en un paseo, al aire libre. Aunque las cifras de ventas suelen ser elevadas, comparadas con otras épocas del año o con otros eventos librescos, la proporción entre bolsas y personas es escasa. Al menos para quienes aguardan en la caseta…

Por la tarde, nada más sentarme en la caseta, se acercó un tipo, miró de reojo la portada de mi libro, chasqueó la lengua y soltó: “sin comentarios”. Y se piró. Pero debo comentar ahora que fue una excepción: a la mayoría de la gente le gusta charlar, tanto al que echa un vistazo a los libros y sigue caminando como al que saca la cartera y te pide que se lo dediques.

Cuando uno firma un libro, por cierto, lo abandona para siempre. Bien acompañado, eso sí.

Al otro lado de la caseta

Las Cuatro Torres, entre las 15 novelas negras favoritas de la Feria del Libro

Las Cuatro Torres, entre las 15 novelas negras favoritas de la Feria del Libro

Las Cuatro Torres, en El Confidencial“La Feria del Libro de Madrid tiñe de rojo y suspense el parque del Retiro con lo mejor de la novela negra y el thriller”, asegura Prado Campos en El Confidencial. Y a continuación enumera quince novelas negras, entre las que incluye Las Cuatro Torres, junto con Irène, de Pierre Lemaitre; Total Khéops, de Jean-Claude Izzo; Hasta aquí hemos llegado, de Márkaris; Consummatum est, de César Pérez Gellida; Mistralia, de Eugenio Fuentes; Traidores a todos, de Scerbanenco; La ciudad de la memoria, de Santiago Álvarez; La neblina del ayer, de Leonardo Padura; Ofrenda a la tormenta, de Dolores Redondo; La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, de Joaquín Camps; Los crímenes de la calle Morgue, de Poe; Huesos en el jardín, de Henning Mankell; La chica del tren, de Paula Hawkins; El invierno del lobo, de John Connolly.

Como saben los lectores de Las Cuatro Torres, el amigo Torca también devora novela negra. En esta primera entrega torquiana menciono, entre otros, a Márkaris y a Mankell, dos del listado. En la segunda entrega, que todavía no he terminado, todavía no sé si tendrá tiempo para leer. Ya os contaré.

Por cierto, me apabulla que mi novela salga con Los crímenes de la calle Morgue. Eso sí que es un crimen.

 

La soledad del escritor de fondo

Emil ZátopekA ver cómo me explico, sin parecer un misántropo: desde hace un mes espero al fin de semana como agua de mayo. Para escribir. Saco tiempo de donde puedo para parir mi segunda novela, y donde más lo encuentro suele ser los sábados y los domingos. Sin embargo, este fin de semana lo pasaré de feria, en las ferias del libro de Burgos y de Madrid, en sesión doble de mañana y tarde. No escribiré, apenas, salvo algún rato en el autobús. Me alegra, de verdad, me alegra que me hayan invitado. Pocos sitios prefiero al Espolón burgalés y al Retiro madrileño, además. Me apetece estar al otro lado de la caseta, por primera vez, y charlar de libros, no sólo del mío, con lectores, libreros y escritores. Podría tirar de refranero, recordar que no se puede estar en misa y repicando. Pero, quizá para conformarme, comparo la escritura de una novela con una maratón: ambas exigen un esfuerzo continuo y —a no ser que quieras batir algún récord— detenerse de vez en cuando para repostar.

Torca vuelve al Espolón y al Retiro

Torca vuelve al Espolón y al Retiro

Feria del Libro de MadridTorca, Juan Torca, conoce bastante bien, quizá mejor que yo, dos de los sitios más representativos de Burgos y Madrid: El Espolón, el paseo más emblemático de su ciudad natal, y el parque de El Retiro, donde corre en Las Cuatro Torres, nuestra primera novela (la suya, como protagonista, y la mía, como padre de la criatura).

Pues bien, este fin de semana los dos regresamos al Espolón y al Retiro. En ambos sitios estaremos muy bien acompañados: habrá libreros, casetas, más personajes literarios, libros, muchos libros, escritores, muchos escritores y, sobre todo, lectores, los que sostienen todo este andamiaje cultural en la encrucijada.

Primero firmo mi novela en el Recinto de la Feria en el Paseo del Espolón, junto a otros autores burgaleses como Sara Tapia, Luis Orozco y Fernando Ortega.

Sábado 30 de mayo en la Feria del Libro de Burgos, en el Paseo del Espolón:

  • Mañana de 11:30 a 14.
  • Tarde de 18 a 21.

Cartel de la Feria del Libro de BurgosAl día siguiente también hago doblete, acompañado por otros escritores de Planeta, como podéis ver El Búho entre libros.

Domingo 31 de mayo en la Feria del Libro de Madrid, en el Parque del Retiro:

  • Mañana de 12 a 14 en Planeta (caseta 251).
  • Domingo de 19 a 21 en Vips (casetas 27 y 28).

Voy dispuesto a firmar libros, cómo no, pero también a charlar sobre libros, sobre literatura. Y sobre fútbol o lo que se tercie. Y ya que llevo un bolígrafo, iré armado con una libreta, para contar mis impresiones. Hace unos cuantos lustros participé en ambas ferias como plumilla, haciendo reportajes. Estar al otro lado de la caseta quizá de juego. Ya os contaré.

Pongamos que hablo de Madrid

Invitación para La Noche de los Libros

“Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid”, cantaba Sabina.

Voy a hablar de Madrid, y del Madrid, quizá, el jueves 23 de abril, junto con Marta Rivera de la Cruz, Miguel Sáez Carral, Lorenzo Silva y Javier Valenzuela. Casi nada. La noche de los librosEs una charla organizada por Getafe Negro, el festival de novela policiaca al que acudí hace unos meses, y La Noche de los Libros, una celebración del Día del Libro en la que se implican más de 150 instituciones culturales de Madrid.

La mesa redonda en la que participo es un acto más vespertino que nocturno. Se celebra a las siete de la tarde en Ámbito Cultural (El Corte Inglés, Callao. 7ª planta. Entrada por la calle Carmen). El título de la mesa, “Madrid, territorio literario”, me permitirá adentrarme por la Gran Vía, el Retiro y el Santiago Bernabéu, entre otros escenarios de Las Cuatro Torres, mi primera novela.

Por cierto, mi segunda novela también será madrileña, aunque no madridista ni futbolera. Aunque quizá me esté adelantado demasiado a los acontecimientos. Me faltan muchas páginas para parirla.

El principio de Pongamos que hablo de Madrid, ahora que caigo, le pega a Juan Torca, ¿no os parece? Ese mar que no se puede concebir sería el mar de Aral, claro.

Algo adecuado, en Eñe

No soy cuentista. No quiero vivir del cuento. Ni puedo, claro. Pero he perpetrado alguno que otro. Casi siempre relatos cortos, muy cortos, microrrelatos que a menudo duermen el sueño de los justos, o la siesta, en un cajón o un disco duro.

Nunca había publicado un cuento en una revista. Hasta este mes. En el número 41 de Eñe, que lleva por título Leed, leed, malditos, publico Algo adecuado, donde por cierto hablo, entre otras cosas, de una casa maldita.

La muy recomendable revista dirigida por Elena Medel incluye textos de José María Merino, Cristina Fallarás, Dolores Redondo, Jordi Sierra i Fabra, Fernando Iwasaki, Ignacio del Valle, Cristina Sánchez-Andrade, Guadalupe Nettel, Melanie Taylor, Luna Miguel y Juan Bonilla,  además de una entrevista de Antonio Lucas a Javier Marías.

Cuelgo aquí las primeras líneas de este relato.
Eñe 41

Algo adecuado

En mi duermevela matinal, me malhumora una endiablada chillería de chiquillos. Por fin, sin poder dormir más, me echo, desesperado, de la cama. Entonces, al mirar el campo por la ventana abierta, me doy cuenta de que los que alborotan son los pájaros.
JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Diez de la noche, diez horas para el examen, pero todavía no estudio. Escribo este cuento:

VIRILA

El otro día soñé con él. Se llamaba Víctor R. Larson, aunque todos le decían Virila. Alguien se la jugó, y terminó mal, muy mal, pero no loco, como dijeron los del manicomio.

Nunca fue una monja de la caridad. En aquellos felices años veinte todos necesitaban un trago: la propia sociedad que le despreciaba engendró tipos de su calaña. Gracias a la ley seca, levantó un pequeño imperio y pudo hacerse con una mujer hermosa, liberada y moderna que se rindió a sus encantos, o dólares.

Celebró la boda por todo lo alto, con ríos de champán, vino y whisky que los policías y políticos invitados bebieron sin disimulo. Virila nunca se acercó tanto a la cima como aquella noche.

Antes de viajar a Europa con su flamante esposa, dispuso todo para estrenar a la vuelta su flamante mansión. Un palacio. Un sinfín de habitaciones.

En la luna de miel derrochó unos cuantos miles en hoteles, ropas y joyas. Pero hasta que no divisó la isla de Manhattan desde la cubierta del transatlántico, no respiró tranquilo. Le gustaba estar al tanto del más mínimo detalle. Y en las capitales europeas no había pasado de dar órdenes a botones y camareros.

Al desembarcar preguntó por las obras. ¡Por fin habían terminado! Se fumó un puro, satisfecho.

Nunca fue más feliz como cuando cruzó el umbral de su maldita casa. Había cumplido con creces su sueño. No faltaba nada.

Mientras atravesaba pasillos, salones y dormitorios, recordó la paupérrima habitación donde vio morir a su madre; recordó el detestable orfelinato, sus camas y normas; recordó la mísera pensión en la que un día pudo dormir, por fin, solo; recordó el tugurio en el que volvió a dormir acompañado; recordó los hoteles, cada vez un poco más lujosos, desde donde aumentó su fortuna.

Vagando ensimismado por la casa, recordó toda una vida, y así la vivió de nuevo.

Abandonó su abstracción cuando regresó a la entrada y se encontró frente a un mostrador y, detrás de éste, a un tipo estrafalario, de larga y rizada pelambrera, absorto ante una especie de cine en miniatura. Y ni rastro de sus maletas ni de su mujer. La sorpresa le dejó clavado. El otro reaccionó primero. ¿Buscas a alguien, o quieres una habitación?, preguntó.

***

Once de la noche, nueve horas para el examen. Demasiado pronto, no voy a dormir, pero me acuesto. Leo demasiado a Borges, me digo, tengo que…

Algo adecuado, en Eñe

Relato completo en Eñe 41

Como un disparo

Disparo. Fuente: http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Olympic_pictogram_Shooting.pngLas bolsas de deportes repletas de billetes pesaban un quintal, pero corríamos desesperados. Sin desfallecer. La pasma nos pisaba los talones. Apenas recuerdo el atraco al banco según pasan las horas el sueño se diluye, si hubiera comenzado a escribir hace unas horas sería más preciso—, aunque me veo vestido de negro y con pasamontañas. Como el resto de la banda. Éramos cuatro o cinco. Uno había caído al atravesar el cerco. No me digas por qué, frenamos en seco ante un paso de peatones. El semáforo estaba rojo. Un abuelo protegió a su nieto cuando se fijó en  mi recortada, pero yo les sonreí. Cuando el semáforo se puso verde reanudamos la carrera. Al otro lado de la calle había una boca de metro, si nos colábamos dentro estábamos salvados. Estábamos a punto de cruzar la carretera, cuando me desperté. El despertador sonó como un disparo.

Las Cuatro Torres

Las Cuatro Torres
Planeta, 2014.
+ info

Leandro Pérez

Leandro Pérez. Foto de Félix Ordóñez
Leandro Pérez (Burgos, 1972) hasta ayer guardaba sus libros en un cajón. Escritor y periodista, además de otras cosas, ha trabajado en Madrid, en El Mundo, y es uno de los creadores de Trestristestigres.com...
+ info

Agencia Literaria Dos Passos
· info@dospassos.es

@leandropem

Un tuit de @JuanTorca