De feria

Al otro lado de la caseta, la vida, como decía Sabina en Cuando era más joven, es “dura, distinta y feliz”. En la Feria del Libro, el escritor muta. Se convierte en un vendedor más. Un tipo que sólo trafica con una mercancía: Su Obra. Un tipo que, entre firma y firma, mantiene la compostura como puede, mientras afila la mirada y el bolígrafo. Y que, salvo que sea una celebridad,  se debe armar de paciencia mientras los niños y los mayores que no le diferencian del resto de los “caseteros” le preguntan por la última entrega del Diario de Greg o la nueva novela de María Dueñas. Como contaba el otro día, en el artículo que reproduzco a continuación publicado en El Mundo —gracias al gran Manu Llorente, redactor jefe de Cultura, que conste—, me fui de feria dispuesto, más que a firmar, a mirar. ¿Y qué puedo añadir ahora? Que firmé algún que otro libro, no me quejo. Que miré menos de lo que preveía.  Y que sólo anoté tres palabras: bolsas y sin comentarios. Te fijas en las bolsas, en las pocas bolsas que portan los viandantes. La Feria se celebra en un paseo, al aire libre. Aunque las cifras de ventas suelen ser elevadas, comparadas con otras épocas del año o con otros eventos librescos, la proporción entre bolsas y personas es escasa. Al menos para quienes aguardan en la caseta… Por la tarde, nada más sentarme en la caseta, se acercó un tipo, miró de reojo la portada de mi libro, chasqueó la lengua y soltó: “sin comentarios”. Y se piró. Pero debo comentar ahora que fue una...
Las Cuatro Torres, entre las 15 novelas negras favoritas de la Feria del Libro

Las Cuatro Torres, entre las 15 novelas negras favoritas de la Feria del Libro

“La Feria del Libro de Madrid tiñe de rojo y suspense el parque del Retiro con lo mejor de la novela negra y el thriller”, asegura Prado Campos en El Confidencial. Y a continuación enumera quince novelas negras, entre las que incluye Las Cuatro Torres, junto con Irène, de Pierre Lemaitre; Total Khéops, de Jean-Claude Izzo; Hasta aquí hemos llegado, de Márkaris; Consummatum est, de César Pérez Gellida; Mistralia, de Eugenio Fuentes; Traidores a todos, de Scerbanenco; La ciudad de la memoria, de Santiago Álvarez; La neblina del ayer, de Leonardo Padura; Ofrenda a la tormenta, de Dolores Redondo; La última confidencia del escritor Hugo Mendoza, de Joaquín Camps; Los crímenes de la calle Morgue, de Poe; Huesos en el jardín, de Henning Mankell; La chica del tren, de Paula Hawkins; El invierno del lobo, de John Connolly. Como saben los lectores de Las Cuatro Torres, el amigo Torca también devora novela negra. En esta primera entrega torquiana menciono, entre otros, a Márkaris y a Mankell, dos del listado. En la segunda entrega, que todavía no he terminado, todavía no sé si tendrá tiempo para leer. Ya os contaré. Por cierto, me apabulla que mi novela salga con Los crímenes de la calle Morgue. Eso sí que es un crimen....

La soledad del escritor de fondo

A ver cómo me explico, sin parecer un misántropo: desde hace un mes espero al fin de semana como agua de mayo. Para escribir. Saco tiempo de donde puedo para parir mi segunda novela, y donde más lo encuentro suele ser los sábados y los domingos. Sin embargo, este fin de semana lo pasaré de feria, en las ferias del libro de Burgos y de Madrid, en sesión doble de mañana y tarde. No escribiré, apenas, salvo algún rato en el autobús. Me alegra, de verdad, me alegra que me hayan invitado. Pocos sitios prefiero al Espolón burgalés y al Retiro madrileño, además. Me apetece estar al otro lado de la caseta, por primera vez, y charlar de libros, no sólo del mío, con lectores, libreros y escritores. Podría tirar de refranero, recordar que no se puede estar en misa y repicando. Pero, quizá para conformarme, comparo la escritura de una novela con una maratón: ambas exigen un esfuerzo continuo y —a no ser que quieras batir algún récord— detenerse de vez en cuando para...
Torca vuelve al Espolón y al Retiro

Torca vuelve al Espolón y al Retiro

Torca, Juan Torca, conoce bastante bien, quizá mejor que yo, dos de los sitios más representativos de Burgos y Madrid: El Espolón, el paseo más emblemático de su ciudad natal, y el parque de El Retiro, donde corre en Las Cuatro Torres, nuestra primera novela (la suya, como protagonista, y la mía, como padre de la criatura). Pues bien, este fin de semana los dos regresamos al Espolón y al Retiro. En ambos sitios estaremos muy bien acompañados: habrá libreros, casetas, más personajes literarios, libros, muchos libros, escritores, muchos escritores y, sobre todo, lectores, los que sostienen todo este andamiaje cultural en la encrucijada. Primero firmo mi novela en el Recinto de la Feria en el Paseo del Espolón, junto a otros autores burgaleses como Sara Tapia, Luis Orozco y Fernando Ortega. Sábado 30 de mayo en la Feria del Libro de Burgos, en el Paseo del Espolón: Mañana de 11:30 a 14. Tarde de 18 a 21. Al día siguiente también hago doblete, acompañado por otros escritores de Planeta, como podéis ver El Búho entre libros. Domingo 31 de mayo en la Feria del Libro de Madrid, en el Parque del Retiro: Mañana de 12 a 14 en Planeta (caseta 251). Domingo de 19 a 21 en Vips (casetas 27 y 28). Voy dispuesto a firmar libros, cómo no, pero también a charlar sobre libros, sobre literatura. Y sobre fútbol o lo que se tercie. Y ya que llevo un bolígrafo, iré armado con una libreta, para contar mis impresiones. Hace unos cuantos lustros participé en ambas ferias como plumilla, haciendo reportajes. Estar al otro lado de la caseta quizá de...

Pongamos que hablo de Madrid

“Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid”, cantaba Sabina. Voy a hablar de Madrid, y del Madrid, quizá, el jueves 23 de abril, junto con Marta Rivera de la Cruz, Miguel Sáez Carral, Lorenzo Silva y Javier Valenzuela. Casi nada. Es una charla organizada por Getafe Negro, el festival de novela policiaca al que acudí hace unos meses, y La Noche de los Libros, una celebración del Día del Libro en la que se implican más de 150 instituciones culturales de Madrid. La mesa redonda en la que participo es un acto más vespertino que nocturno. Se celebra a las siete de la tarde en Ámbito Cultural (El Corte Inglés, Callao. 7ª planta. Entrada por la calle Carmen). El título de la mesa, “Madrid, territorio literario”, me permitirá adentrarme por la Gran Vía, el Retiro y el Santiago Bernabéu, entre otros escenarios de Las Cuatro Torres, mi primera novela. Por cierto, mi segunda novela también será madrileña, aunque no madridista ni futbolera. Aunque quizá me esté adelantado demasiado a los acontecimientos. Me faltan muchas páginas para parirla. El principio de Pongamos que hablo de Madrid, ahora que caigo, le pega a Juan Torca, ¿no os parece? Ese mar que no se puede concebir sería el mar de Aral,...

Algo adecuado, en Eñe

No soy cuentista. No quiero vivir del cuento. Ni puedo, claro. Pero he perpetrado alguno que otro. Casi siempre relatos cortos, muy cortos, microrrelatos que a menudo duermen el sueño de los justos, o la siesta, en un cajón o un disco duro. Nunca había publicado un cuento en una revista. Hasta este mes. En el número 41 de Eñe, que lleva por título Leed, leed, malditos, publico Algo adecuado, donde por cierto hablo, entre otras cosas, de una casa maldita. La muy recomendable revista dirigida por Elena Medel incluye textos de José María Merino, Cristina Fallarás, Dolores Redondo, Jordi Sierra i Fabra, Fernando Iwasaki, Ignacio del Valle, Cristina Sánchez-Andrade, Guadalupe Nettel, Melanie Taylor, Luna Miguel y Juan Bonilla,  además de una entrevista de Antonio Lucas a Javier Marías. Cuelgo aquí las primeras líneas de este relato. Algo adecuado En mi duermevela matinal, me malhumora una endiablada chillería de chiquillos. Por fin, sin poder dormir más, me echo, desesperado, de la cama. Entonces, al mirar el campo por la ventana abierta, me doy cuenta de que los que alborotan son los pájaros. JUAN RAMÓN JIMÉNEZ Diez de la noche, diez horas para el examen, pero todavía no estudio. Escribo este cuento: VIRILA El otro día soñé con él. Se llamaba Víctor R. Larson, aunque todos le decían Virila. Alguien se la jugó, y terminó mal, muy mal, pero no loco, como dijeron los del manicomio. Nunca fue una monja de la caridad. En aquellos felices años veinte todos necesitaban un trago: la propia sociedad que le despreciaba engendró tipos de su calaña. Gracias a la ley seca, levantó un pequeño imperio y...